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Mucho antes de la Beatlemanía, miles de adolescentes gritaban y se desmayaban por Frank Sinatra: las crónicas hablaban de teatros empapados de orina

El estruendo en el Paramount Theatre de Nueva York era tan salvaje que la voz del cantante directamente desaparecía. Los cronistas de Time y The Guardian no podían creer lo que veían: miles de adolescentes gritando hasta el desmayo en un fenómeno de histeria colectiva que, según los expertos de la época, solo ocurre «dos o tres veces por siglo».

Pero lo más impactante no era el ruido, sino lo que los empleados encontraban en el suelo al terminar la función.

¿Estamos hablando de la Beatlemanía? ¿De las fans de Elvis? ¿O de las Swifties de Taylor Swift? Nada de eso. Era la década del 40, mucho antes del rock, y las protagonistas eran las bobby-soxers: las primeras adolescentes de la historia que decidieron adorar a un hombre hasta la locura.

Aquellas funciones terminaban, literalmente, con el teatro «empapado de orina». Las chicas estaban tan obsesionadas que se negaban a ir al baño para no perder su lugar frente a Frank Sinatra. Hoy, 4 de marzo, se cumplen exactamente 80 años de un hito clave: en 1946, «La Voz» publicaba su primer álbum, The Voice of Frank Sinatra, consolidando no solo su carrera, sino el nacimiento del club de fans moderno.

Frank Sinatra y la “histeria” de las bobby-soxers

“¿Escuchaste los chillidos en la radio cuando canta? Multiplicá eso por mil y vas a tener una idea”, dijo el fotógrafo Weegee, que documentó aquellos recitales y captó una de las imágenes más famosas del fenómeno: Ecstasy Face, con los rostros de adolescentes llorando y gritando frente al escenario.

Olvídense del punk, de los Beatles o del primer rock and roll. El fenómeno que describía Weegee tenía otro nombre: las bobby-soxers.

Era una subcultura juvenil femenina que apareció en Estados Unidos durante los años 40 y que marcó un cambio en la moda adolescente. Usaban medias tobilleras, polleras amplias, zapatos bajos o jeans —algo considerado masculino para la época— y llevaban el pelo largo, a veces con moño.

Pero sobre todo adoraban a Frank Sinatra.

En los conciertos del Paramount Theatre la fila empezaba la noche anterior. Las crónicas hablan de chicas que pasaban horas esperando entre hambre, cansancio y mareos. The Guardian contó el caso de una fan que llegó a ver a Sinatra 56 días consecutivos. El equivalente a ocho días de 24 horas viendo a Sinatra.

En ese clima empezó a formarse algo nuevo: comunidades de fans organizadas, con clubes que compartían canciones, datos sobre el artista y rituales propios.

Para esas adolescentes, la voz de Sinatra funcionaba casi como una contraseña generacional. Un lenguaje común. Un Wi-Fi emocional y hormonal flotando en el aire de los años 40, que conectaba a miles de chicas a través de la radio, los conciertos y, muy pronto, también a través de un objeto nuevo: su primer álbum.

The Voice of Frank Sinatra: el disco que inventó el concepto moderno de álbum

Cuesta imaginarlo hoy, pero el álbum musical no siempre existió.

Durante los años 30 y 40 la industria editaba principalmente singles. Cada disco contenía una canción y se publicaba por separado. Los artistas grababan con distintas orquestas, en diferentes sesiones y sin un concepto general que uniera el material.

Sinatra tuvo otra idea.

Quiso grabar un conjunto de canciones con una misma orquesta, una dirección artística coherente y un repertorio que transmitiera una atmósfera romántica y moderna. Lo que hoy llamaríamos un sonido propio.

Así nació The Voice of Frank Sinatra. Columbia Records lo publicó como un set de cuatro discos de 78 rpm reunidos en una carpeta, como si fuera un «álbum» de fotografías. De ahí viene el nombre: una colección de piezas que forman un conjunto.

No se vendían por separado. Era un objeto completo, pensado como unidad.

Poco después, con la aparición y aceptación en el mercado del formato 33 rpm, ese mismo concepto se transformaría en el long play que dominaría la música durante décadas. Hasta hoy, de hecho, ya que es indudable la vuelta del «vinilo» larga duración.

Para las soxers, además, el disco era el objeto perfecto. Podían llevarse a casa la voz de su ídolo y compartirla en los clubes de fans que empezaban a multiplicarse por todo Estados Unidos.

Antes de la Beatlemanía: cómo Frank Sinatra se convirtió en la primera estrella pop

El New York Times llegó a describir a Sinatra como la primera estrella pop moderna.

Los desmayos en los recitales, el llanto colectivo y la devoción adolescente —que décadas después se vería con Elvis Presley o los Beatles— anidaban en el carisma del joven de menos de treinta años proveniente de Hoboken, New Jersey.

Pero el magnetismo de Sinatra tenía algo particular para su época. Cantaba canciones románticas de los años 20 y 30 con un tono íntimo, casi confesional, que hablaba directamente a la experiencia sentimental de esas jóvenes.

Por primera vez, muchas adolescentes sentían que las historias de amor de las canciones, más que la literatura o la poesía, tenían que ver con sus propias vidas.

Los psicólogos hablaban de la “cualidad hipnótica” que ejercía sobre su público. Las mujeres lo adoraban. Y los hombres, en cambio, querían parecerse a él: elegante, sensible y seguro al mismo tiempo.

En los años 50 llegaría su reinvención artística con discos como In the Wee Small Hours, Only the Lonely y Where Are You, gemas perfectas de la tristeza urbana contemporánea y la belleza. En los 60 llevaría la bossa nova de Tom Jobim a una escala global con discos como Francis Albert Sinatra & Antonio Carlos Jobim.

Pero esa es otra historia.

Todo empezó antes del rock, antes de los Beatles y antes de la Beatlemanía. Empezó con un disco de 1946 llamado The Voice of Frank Sinatra y con aquellas adolescentes que gritaban hasta el desmayo su nombre: las bobby-soxers.

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