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El PIB creció, pero el empleo formal cayó: Kulfas advierte sobre una economía de dos velocidades

La economía argentina cerró 2025 con crecimiento del producto interno bruto (PIB), pero con una paradoja sin precedentes en la historia del país: la generación de riqueza agregada no impidió la destrucción de 200.000 puestos de trabajo formales. Así lo advirtió el economista y exministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas, quien describió un modelo económico que beneficia a territorios específicos vinculados a los recursos naturales mientras condena a las grandes ciudades a una recesión silenciosa.

«Esto no había pasado nunca en la historia: aumentó el PIB, pero cayó el empleo formal«, señaló Kulfas en Punto a Punto Radio 90.7. El dato no es menor. De las 200.000 posiciones perdidas, 60.000 corresponden a la industria manufacturera y 67.000 a la construcción, dos sectores que concentran su actividad en los centros urbanos del país.

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Kulfas identificó con precisión el corazón del problema: la recuperación económica es real, pero geográfica y sectorialmente acotada. El agro -con una cosecha de trigo favorable-, el complejo energético de Vaca Muerta y la minería encabezan el crecimiento. Sin embargo, su impacto sobre el empleo masivo resulta estructuralmente limitado.

«Si vos pasás por Vaca Muerta, parece China: ves gente trabajando, camiones, movimiento, producción a rolete. Ahora vos te vas al Gran Buenos Aires, Gran Córdoba, Rosario, y ahí lo que ves es un montón de fábricas cerrando o con mucho menor nivel de actividad y despidiendo gente», describió el economista.

La producción industrial argentina se ubica hoy entre un 9% y un 10% por debajo de los niveles de 2022-2023, con algunos sectores que acumulan caídas cercanas al 30%. El cierre de Fate, fábrica emblemática del sector manufacturero nacional, fue citado por Kulfas en su análisis escrito como símbolo de un proceso que no encuentra piso.

El dólar intervenido como ventaja ficticia para el sector externo

Para el exministro, el andamiaje macroeconómico del gobierno de Javier Milei concentra el daño. La combinación de un tipo de cambio artificialmente bajo -sostenido mediante endeudamiento externo con el FMI y acreedores privados- y una apertura comercial acelerada dejó a la producción nacional en una posición de desventaja estructural frente a las importaciones.

«Para ser competitivo, haremos que los equipos argentinos, como Talleres de Córdoba o Unión de Santa Fe, vayan a jugar al Camp Nou contra Barcelona. Pero van a jugar, en vez de 11 contra 11, con nueve jugadores, y además el referí va a estar bombeando a favor del Barcelona. Eso no es competencia», graficó Kulfas.

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En su análisis publicado en paralelo, el economista subrayó que el dólar barato combinado con la eliminación de medidas antidumping no es una política de libre mercado neutral, sino una decisión activa que redistribuye mercado desde la producción local hacia las importaciones.

La anomalía Milei en el mapa de la derecha mundial

Uno de los argumentos más provocadores de Kulfas apunta a una contradicción ideológica dentro del propio campo conservador global. Mientras líderes de derecha como Donald Trump o Giorgia Meloni articulan políticas industriales explícitas para defenderse del avance manufacturero chino, el gobierno argentino adopta la postura opuesta.

«Milei es el único líder de la derecha mundial que no defiende a su industria; al contrario, parece como si celebrara que cierren fábricas porque las considera ineficientes», afirmó Kulfas.

En su análisis, Kulfas desarrolló este punto con mayor precisión: «La industria no es solo un motor económico; es un componente de poder», en referencia al consenso que atraviesa hoy a economías liberales clásicas, que recurren a la política industrial de manera explícita ante la reconfiguración geopolítica global.

La ilusión del derrame desde los recursos naturales

Kulfas rechazó la tesis de que el crecimiento extractivo pueda compensar la destrucción de empleo urbano. El argumento se apoya en datos concretos: durante 2024, un año relativamente positivo para la minería, el sector no generó empleo neto. Los puestos creados en el litio y los nuevos proyectos de cobre no alcanzaron a compensar los perdidos en la minería no metalífera, directamente ligada a la construcción paralizada por la eliminación de la obra pública.

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«No es que digo: ‘No me preocupo porque perdí 60.000 puestos en la industria, pero vamos a crear 60.000 en la minería'», explicó. «La minería el año pasado no creó empleo«.

El argumento se extiende a la estructura demográfica del país: el 90% de la población argentina vive en ciudades, y la dinámica laboral de esos territorios depende de la industria, el comercio y la construcción, no de la producción en cuencas mineras o hidrocarburíferas.

«La pregunta no es si conviene tener industria. La pregunta es qué industria, para qué y con qué estrategia de inserción internacional», indicó.

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